crujen puertas y ventanas
queriendo desenterrar tigres nocturnos.
Es un segundo...
entonces el famélico corazón
se pone su armadura.
Se vuelve piedra
espadeando a la señora tristeza.
Es un segundo...
es un duelo de palabras fuertes.
Es un segundo...
y en la estocada
se hacen añicos
los traidores fantasmas del alma.
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